historias / Perfiles 
"Traslado películas a lienzos": Rocar-Mo
Guillermo Zuluaga Ceballos

 

 
      

En la primera se ven recolectoras de trigo, y alguna  recoge un gancho de ropa. Debajo de un firmamento verde azul, tiznado de  amarillo y de ocre, donde remolinos  forman 37 senos de protuberantes pezones, montañas redondeadas y geométricas. Sobre un suelo desértico hay vacas con patas  y rostros de jirafas con ubres más grandes que sus panzas y con pezones gruesos como dedos que gotean leche.

Al lado se observa  un piso naranja  donde sobresalen  pezones como breves montículos. Una patineta  flota y en ella va un cascanueces azul con una vara en la que iza un gancho de ropa. Homero Simpson con un barquito de papel en su cabeza y con una plancha que se derrite  donde alcanza a leerse: ”Yo busco a mamá” y un osito de peluche. También hay vacas con patas, cuello  y cabeza de jirafa con sus ubres casi al piso que caminan entres arboles sin ramas y  y sus copas son una especie de  hongos captadores de energía. 

Estas imágenes hacen parte de la obra del pintor antioqueño Rocar-mo que por estos días se expone en la Casa Solariega, galería ubicada en Santa Fe de Antioquia. 

Rocar-mo (no le gusta que lo llamen de otra manera)  es un hombre mestizo, de mediana estatura, que no aparenta sus 45 años. Es un artista que como cualquier oriundo de Remedios Antioquia también algún día soñó con riquezas  en la explotación del oro, pero terminó deslumbrado con las riquezas espirituales que brinda el arte. 

 

Rocar Mo estuvo en estos días en Santa Fe y mientras muchas personas disfrutaban de las procesiones religiosas o de los escasos días de sol en este balneario del occidente, él se dedicó a dar a conocer  y conversar acerca  de su obra, la misma que ya han disfrutado en las galerías bogotanas, en Medellín y que ha trascendido las fronteras al ser expuesta en la Miami. 

“Yo también estuve vinculado al mundo del oro, y  ambicioné pero supe que  no lograría nada, y vi que tenía otro talento, gracias a gente que me ayudó a reconocerme”, le confío a un grupo de curiosos mientras disfrutaba de una cerveza. 

Desde que decidió dejar su tierra y sus sueños dorados, comenzó a pintar paisajes, bodegones… Luego estudió en la Escuela de Bellas Artes donde aprendió a trascender su oficio. Pero ante todo a entender que “el reto es lograr que la gente lo vea a uno en la obra”. 

Uno de los asuntos que más llama la atención en la obra es la cantidad de tetas que se repiten en sus pinturas. Pero, ¿acaso a este hombre no le dieron le leche materna en su niñez? 

“Uno tiene carencias en la vida”, ironiza. 

Luego se pone ceremonioso y agrega: “lo que a uno más lo representa es lo que más ha vivido, eso se ve en la obra. Realmente no soy obsesivo por los senos, pero los admiro en su estética, y en lo que representa: feminidad, fertilidad, maternidad y abundancia”. 

Dice Rocar-mo quien se considera muy maternal. “Soy apegado a la mamá. Me crie a punta de historias, de fábulas, me crie entre gente mayor”. 

La pintura  de Rocar-mo está influenciada, como él lo dice, por Miró y por  Dalí, éste último su gran referente. 

“Mi obra es una interpretación de libertad en tanto quiero trasmitir muchas cosas al mismo tiempo…como la obra es amplia me permite divagar en varios asuntos al mismo tiempo”. 

La producción de este artista no puede pasar inadvertida. Sus cuadros son tan extraños que muchas veces le han preguntado si los ha pintado bajo efectos etílicos o alucinógenos, frente a lo cual también tiene ya su respuesta. 

“Cada rato me preguntan que dónde está la matica, la pastilla. Pero jamás. Simplemente uno vive entre imágenes: la televisión, los  comics, y de todo eso que veo, construyo mis imágenes, traslado las películas a los lienzos y hago interpretaciones de aspectos distintos a lo que hacen otros”.

Dice Rocar-mo quien alguna vez fue bohemio hasta que entendió lo que realmente quería de la vida: ser artista. Rocard Mo estudió entre 1995 – 1998 en Bellas Artes y también Literatura y  Gerencia y Estructura de Negocios.

“Cuando más ganas tengo de un trago de licor  ese día no tomo. Hay quienes dicen que yo con la cara de loco que tengo pero que soy el más aguafiestas”.

Rocar-mo es admirador de las obra de Jacanamijoy,  y de Fredy Serna,  a quien ya considera un maestro, pero dice que no admite comparaciones. “No quiero compararme con nadie, mi único ídolo es Dios, en quien creo firmemente. Dios es arte. Él se reconoce en el arte”. 

Agrega:

“Uno debe adaptarse a su tiempo. Pintar su tiempo. Picasso, Dalí pintaron en su momento lo que veían o imaginaban”.  

Rocar-mo es un hombre humilde, que camina sin hacer muchos aspavientos y que solo ambiciona ganarse un espacio en el arte. Sin embargo, su obra ya ha captado miradas más profundas. 

“Su experiencia campesina hoy la devuelve al arte en imágenes que evocan lo rural, pero hay que destacar su condición de artista que ha asumido plenamente lo urbano”, explica Ana María Salazar, Antropóloga e historiadora de Arte  de la UPB, admiradora de su estilo.

“Su obra figurativa, neosurrealista tiene trazos muy Dalí –explica-. Y como buen artista contemporáneo “dialoga” no solo con los coetáneos, sino además con los maestros ‘transtemporales’ de los que particularmente destaca Miguel Ángel, Leonardo D’Vinci, Millet, El Bosco”.

Por su parte, Esteban Pizarro, maestro en Artes de la U de A admira lo femenino en Rocar-mo: 

“Es un elemento continuo como manifestación de la sensualidad, la belleza de la forma o los miedos ocultos de lo masculino, los cuales fueron revelados con maestría por el simbolismo. En sus imágenes se reelabora un nuevo asunto que fundamenta las esencias buscadas por el pintor, el alimento de la vida y la fertilización de la tierra dada por la diosa madre”.  

El galerista belga Olivier de Pierpoint, Director de la galería museo Casa Solariega,  destaca sin embargo otro elemento en este artista y es su filantropía, pues Rocar-mo ha compartido su saber con los niños pobres de esta región de Antioquia a quienes les ha brindado talleres gratuitos de pintura: 

“Yo le expongo a Rocar-Mo por su compromiso social más que por su misma obra que también es muy buena. Porque la Casa Solariega ante todo es una casa donde tiene que habitar al lado del arte la generosidad”. 


Homero Simpson seguirá al lado de segadoras de trigo decimonónicas. Soldados de plomo y ositos de peluche continuarán al lado de vacas de ubres inverosímiles, allá, en la Casa Solariega. De allí partirá hacia México o Europa donde mostrará que la imaginación y el talento de nuestros pintores, rebosan tanto como las tetas chorreantes de sus cuadros.


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