historias / Perfiles 
Alberto Aguirre insiste: Medellín es una mierda

 

 
Guillermo Zuluaga Ceballos
   
-    Te voy a dar una respuesta: ¡porque me da la puta gana!

Después  de tan categórica afirmación, ¿Quién no desearía hablar con Alberto Aguirre?

Aguirre, abogado de profesión y periodista por convicción, es quizá el columnista más mordaz y ácido de la prensa Colombiana. Con sus Cuadros, en El Mundo y El Colombiano,  y con su Lengua Absuelta, en la revista Cromos ha derribado mitos y señalado latrocinios de ésta que él considera una “decadente sociedad”.

No es fácil hablar con Aguirre. No porque él rehúse dar entrevistas. Es fácil encontrarlo pues parece del paisaje del centro, y atiende a quien lo aborda con respeto. Cuesta en tanto su inteligencia y su irreverencia abruman y da un poco de pavor, de casualidad hacerle preguntas “para reinas de belleza”, con las que uno se siente regañado cuando él las responde con frases y palabras de grueso calibre.

Sin embargo, es dueño de un lenguaje elevado,  y de un estilo probatorio –en tanto abogado-. Se considera Ácrata- dice y explica que éste es enemigo del poder, pero se hace a un lado, en tanto el Anarquista: es enemigo del poder y actúa.

El poder siempre ha estado en la vida de Aguirre. Fue Magistrado a los 30 años – no lo fue antes debido a que la ley no lo permitía- y es hijo del exgobernador Pedro Aguirre Claver. Sin embargo, prontamente abandonó los estrados y los códigos para  dedicarse al periodismo. Fue editor y le publicó el primer libro a Gabo, cuando aquel era aún Feliz e indocumentado, pero nunca obtuvo recompensa ni le dio demasiada importancia al asunto; y ante todo  ha sido un columnista que semanalmente “perjudicó” a sus lectores con escritos sobre cine, deportes, literatura, pero ante todo prefería escribir contra los abusos de los poderosos. Y ese señalamiento le ha causado problemas por lo que ha sido amenazado y tuvo que exiliarse en España a finales de la oscurantista década de 1980. “Yo me fui en el año 1987, viví tres años en España. Sin esposa y sin la moza que es más duro”, dice y agrega que allí reafirmó que Medellín, como lo ha dicho en cientos de columnas “es una mierda”.

“Es una mierda –vuelve a decir y explica: “Ya está la comparación con otras ciudades”.
   
Don Alberto Aguirre hace unas semanas dejó de publicar su columna La Lengua Absuelta. Pero no ha dejado de escribir y prepara su libro de Memorias. Que habrá que leer. Hay mucho por aprenderle a este hombre que ya suma 83 años vividos intensamente. Pero ante todo con coherencia.

Aguirre,  ese “oasis adonde se ha arrimado una generación de escritores antioqueños a a preguntar por un camino”, según dijo Gonzalo Arango en 1966, aceptó conversar sobre periodismo, política y literatura, temas que lo atan y lo ocupan.

La conversa fue en un modesto cafecito del centro de Medellín –su casa- donde siempre está comprando  o pidiendo prestada la prensa, tomando café, o  caminando y observando.

Aunque sus palabras son fuertes y su estilo agrio se nota hasta en su presencia un tanto desgarbada –él dirá que hace parte de su estilo- durante la charla se alcanza a descubrir un hombre amable –a veces, muy de vez en cuando sonríe-. Aguirre da la sensación de que uno está  hablando con un niño ilustrado pues a veces se pierde de la conversa para preguntar por la tecnología de las grabadoras y los celulares. O de una cámara  fotográfica que le traía a la mente su pasión por la fotografía que también ejerció.

Siempre tendrá y tiene que decir aunque ya no lo publique. Su lengua absuelta, -ya suelta- reparte látigo sin conmiseración, y ni siquiera sus amigos Gonzalo Arango o Carlos Gaviria Díaz se libran  de la ponzoña, de quien en sus años de profesor de Periodismo de la U de A, era llamado, no sin razón, Capitán Veneno.

¿Don Alberto, sabiendo que ha tenido oportunidades de vivir en otros lugares, porque eligió vivir en el Centro de Medellín?


Te voy a dar una respuesta: porque me da la puta gana.

No  hay que encontrarle razones lógicas a todo lo que uno hace en la vida.

Cuando yo tenía 10, 14 años Medellín tenía 250.000 habitantes, mi papá era médico y vivíamos en el centro, en Chile con Echeverri, allá en una de las casas más hermosas de la ciudad....                                        

 



¿Pero el centro de la ciudad tiene alguna magia?

Es evidente. La vida de una ciudad se desarrolla más intensamente en el Centro y Medellín está adquiriendo la característica de ciudad grande. Medellín es una aldea, ha sido una aldea porque tiene un centro dominante, pero eso es típico del antioqueño. En Medellín hay centro, en Madrid no lo hay, hay múltiples… el  centro sigue teniendo una importancia excesiva: cierra la ciudad, ya que no deja que surjan otros ambientes urbanos: aquí todo tiene que ser en el Centro. Usted en Bogotá por ejemplo puede desarrollar la vida entera en Chapinero, entera; en cambio aquí hay que venir el centro siempre a cualquier cosa, Medellín es una aldea hasta en el pensamiento. Lo que importa es lo que pasa aquí alrededor de Junín con la Playa.

Usted escribió hace unos dos años un artículo titulado Odio a Medellín. ¿hay alguna nostalgia en ese escrito?

No, no, a mí me respeta (abre sus ojos). Yo no tengo y nunca he sentido nostalgia por nada en la puta vida. Nostalgia es el recuerdo tembloroso del pasado. Lo que hay en el texto es irreverencia.

Hace unos años, me dijo que Medellín era una mierda. ¿Sigue pensando lo mismo?

Medellín es muy feo. Es una mierda, (sonríe) porque no hay dignidad, los edificios no la guardan. El (club) Unión tenía una cierta dignidad arquitectónica a pesar de que está vaciado de negocios. Era muy lindo con piscina, patios (donde ahora hay café). Tenía cancha de tenis donde ahora venden ropa: ahí vi jugar al gran empresario Carlos J Echavarría, Campeón  Nacional de tenis. Se jugaba tenis de blanco y pantalón blanco. Con decoro. Era la regla.

¿Qué  hay de ese Alberto Aguirre visto por Gonzalo Arango en 1966? Por ejemplo, ¿sigue detestando la rutina?

Todo  soy el mismo.  La  rutina no me gusta. La  detesto, porque es una repetición. El hombre tiene que estar inventando todos los días algo, y si hace los mismos movimientos y los repite de modo rutinario, se vuelve un animal.  

¿Cómo huir de la rutina?


Sólo el aspecto intelectual puede sacar de la rutina. Crear intereses intelectuales y mantenerlos vivos. No porque uno esté caminando por el mismo sitio uno es rutinario. Uno no puede crear un café para tomar tinto en sitios diferentes todos los días.

Gonzalo Arango fue uno de sus grandes amigos…

Gonzalo Arango, que era nadaista, terminó escribiéndole elogios a Lleras Restrepo, a la iglesia católica,  haciendo perfiles de Jota Emilio Valderrama. Se putió.

Fue gran amigo mío y de repente  cambió su posición crítica de la sociedad y se volvió totalmente católico. Conoció a una mujer y se enamoró de ella. Gonzalo se entregó a esta mujer que era inglesa. Se transformó. Es un caso muy bonito incluso para analizarlo desde punto de vista periodístico y crítico.  Cuando murió él ya había dejado toda actitud rebelde, inclusive había aceptado su posición de católico.  Gonzalo fue un fracaso.

No es muy lapidario…

Porque  una vida se mide en su totalidad y Gonzalo empieza muy bien y da un vuelco al final y se convierte al catolicismo.

¿Por eso usted quiere seguir con esa rebeldía hasta la sepultura?


Sí, pero no es porque yo quiera, no me sale otra actitud.

Pero de pronto no teme que  le ocurra como a Vargas Vila que se convirtió unos  días  antes de su muerte…


Entonces haceme el seguimiento hasta tres días antes de morirme a ver si me convierto (dice y se sonrié de nuevo largamente).
Usted es un poquito como José Saramago irreverente, comunista, él dice que no cambia tampoco. 

Yo tampoco cambio.  Y Él  sí que es un gran escritor. 
Yo lo leí y lo seguiré leyendo.

Unas estudiantes de comunicación social de una universidad se acercan a escucharlo y él las recibe: A ustedes les gusta la política, les pregunta. Ellas dicen que no, y él ataca: 

-Es la tontería más grande que han dicho-las regaña. Nadie puede decir y menos un periodista o un comunicador, eso. 

Aceptemos esa palabra inventada e idiota  -comunicador-que se han inventado. A todos, hasta al embolador le tiene que gustar o interesar  la política, pues está genera cambio o estabilidad. Nunca lo vuelvan a decir. Piénsenlo. Gracias a este se maneja un Estado y me interesa así sea que yo recoja basura.  Y  el periodismo tiene más responsabilidad: está muy ligado a la política; sino uno es periodista  tiene que tener opinión sobre los temas del país y las funciones que se desarrollan. Es mejor pensar por cuenta de uno. Formarse un criterio. Pues afectan la vida pública. Entonces es mejor pensar que sumarse al parámetro colectivo.    

Don Alberto usted recorrió gran parte del siglo 20… 


Voy  para el XXII…(interrumpe)

…No  hay un poco de impotencia, toda la vida en su papel  de juez, de periodista señalando tanto males y saber que todo continúa en lo mismo y viene lo mismo…
 
Es  la estructura de la sociedad que determina una cierta noción de ciudad y eso existe y no se cambia de un momento a otro,  y uno no la puede cambiar. 

En 1966, le dijo a Gonzalo que ningún autor lo había perjudicado ¿Aún siente eso,  que no lo han influido?

De  todos los autores que he leído algo he extractado Hay que leer y punto.  No  pensando en la influencias sino en el gusto por leer. 

¿Y cuáles son sus autores preferidos?


No tengo un catálogo, pero ahora estoy leyendo a Cesare Pavese. Se suicidó a los 26. Dejó cuatro o cinco  novelas prodigiosas. Está olvidado por esta sociedad a pesar de que escribió una de las obras más bellas de la literatura. 

Un poco como Luis Tejada que se suicidó a los 26 años  y dejó una gran obra..

Tejada fue un gran prosista. Un observador  tenaz y objetivo de la realidad. Es de los pocos periodistas que hay en Colombia.  

Don Alberto, hace poco se reunieron los fundadores de la Unidad Investigativa de El  Tiempo,  y dijeron que en Colombia hay muy buenos periodistas, pero muy mal periodismo. ¿Qué piensa de esta frase?

¡Que  es  una guevonada! (abre los ojos)  no tiene pies ni cabeza. Es   una frase hecha para llamar la atención del público. Y es propio de los vejestorios. Me parece ridículo, ni ellos se salvan. Si hacen frases de esas,  están perdidos.  

¿Por qué dejó de escribir en Cromos?


No sé (duda un momento) no se… porque me dio la gana.  Porque  llevaba 50 años escribiendo semanalmente una columna crítica y en esos 50 años, la columna tuvo repercusión, pero me cansé, vi que ya no ejercía la misma repercusión. Temas hay, no faltan, y me provocan muchos, pero es un poco rutinario. Tal vez pensé en eso y ya no valía la pena.

¿Cuál de los temas le gustaba más?
En todos los temas me sentía cómodo escribiendo, me gustaba más el político, o a veces escribía de deportes, para darle variedad a la columna. Me sentía bien con todos.

(Don Alberto hace una pausa: disfruta con el café granizado y lo revuelve con la pajilla que era para revolver el café negro y sonríe)

¡Es que esto está muy rico!,-dice y levanta su cabeza.

¿Pero queda  la impotencia de ver que la corrupción sigue, la desigualdad…

Eso opera. Uno ver que escribe contra las porquerías y éstas siguen, y eso  también motivó la decisión. De todas formas 50 años escribiendo cansan. Me aburrí. Ahora estoy escribiendo otra cosa, unas memorias.

Eso es una chiva!!!

Siguiendo con Periodistas, cuando usted era profesor de periodismo tuvo como alumno  a Alonso Salazar, ¿qué piensa de él?

Era  un guevón y como gobernante otro guevón, peor. Porque era del montón, es un mediocre y fue discípulo mío, es muy duro y es muy cierto, era una gueva. No está haciendo nada bueno por la sociedad.

No es muy dura la afirmación…

Es muy dura pero es muy cierta. Alonso era una gueva como alumno.

Bueno, siguiendo con  gobernantes ¿qué opina de Sergio Fajardo?

Es un tipo de una aspiración excesiva, contraria a su verdadera naturaleza. Subió a la Alcaldía y se creyó político, creyó que ser político es ser presidente. Fajardo como gobernante es una pelota.

Y Carlos Gaviria: creo que ustedes hasta se parecen…
Está loco, completamente loco y somos amigos.  Ya tiene una vida muy aburguesada. Se apelotardó. Y se lo he dicho.

¿Qué piensa de Hugo Chávez?
Chávez,… me sorprende que llegue a ser un personaje en Colombia y eso indica lo provincianos que somos los colombianos. Él no es creación de los medios como se cree. Tiene mucha importancia. Lo  que pasa es que los colombianos somos muy montañeros, no tenemos visión del más allá, creemos que todo se encierra en el pequeño círculo personal, nacional y que lo demás es extraño. Chávez está ejerciendo una actividad en Latinoamérica, está creando una conciencia y es muy lúcido. Al  contrario de Uribe.

Todo lo que ha dicho quedará registrado…
Bien pueda

(Pide  chocolate granizado con lecherita y se sonríe coqueto con las chicas que reciben esta cátedra de irreverencia)
 
Entonces ninguno se salva. ¿No cree, por ejemplo, que su amigo Héctor Abad Gómez  hubiera sido buen alcalde?


No,  era muy amigo mío pero decir que es humanista, es una guevonada. De dónde sacarían eso. Decir que Abad Gómez, es humanista es una exageración. Y conste que soy amigo de su hijo.

Lean El Olvido que seremos – hace un paréntesis para  decirles a las chicas en broma-:

Ahí hablan muy bien de mí. (Vuelve a sonreír).   

A usted no le ha interesado conocer a nadie. ¿Todavía se siente satisfecho de haber conocido a Manolete y a  Daniel Santos, como le contestó a Gonzalo Arango  en el 66?

Eso fue un chiste, por decir algo. Claro que me puse muy feliz cuando conocí a Manolete, en la entrada del teatro Avenida. Fui aficionado a los toros y lo vi torear. Él era el mejor.

 ¿A quién le gustaría conocer? Por ejemplo, si Obama estuviera aquí, al frente. ¿Qué haría?
 
Me  iría. Es  una pelota negra. No me gusta ningún gobierno.
 
Me gustaría conocer, no digo me gustaría (aclara) pues queda como si tuviera una carencia, yo no padezco en eso, estoy pensando que en no conocer esta persona me deja triste en pensar que no lo conocí. Ah, cuándo lo conoceré… De pronto a Saramago,  mentira, tampoco, es una tontería… generalmente  los escritores son admirables, en su obra, pero en su vivir son de lo peor,  y me da mucho miedo que Saramago resulte una gueva. Quiero mantenerlo en la admiración que tengo de su escritura.

¿A quién le falta ganarse el Nobel? ¿A quién se lo daría?
A nadie, yo lo detesto. El Nóbel es un premio bastardo,  hecho para el mercadeo, no me interesa.
 
A quién falta entonces por darle el título del Mejor: ¿De pronto a Carlos Fuentes?


No me gusta

…Vargas Llosa…

Gran  escritor,  pero como político es un hijueputa.  

En Colombia, ¿a quién le daría el título de el mejor?


(Lo piensa un momento) De Colombia, son tan escasas las admiraciones, Faciolince con ese libro El olvido que seremos, me gusta.  Ahí figuro yo. Por eso me gusta. (vuelve a sonreírse con las chicas)

¿Cómo ve a Colombia en este momento?


No la veo, pero es una mierda.

¿Por qué  tanta mierda?


Son palabras que lo dicen todo. Son más eficaces. Utilizo el lenguaje que tiene la noción que tengo de esta ciudad y de este país.
 
Bueno, volviendo al tema del poder que tanto le apasiona, ¿piensa  votar para presidente?

Por nadie voy a votar,  ni por el putas. Ya  tengo bastante edad, 83 años.

Ningún presidente se salva…No le gusta ni el anterior, ni éste ni el que viene…

El  poder es una mierda, ejercer el poder en cualquier instancia, en cualquier dimensión, te aniquila, en ese sentido me podría llamar ácrata

¿Usted es un hombre pesimista, frente al futuro?


No, estás profundamente equivocado. El mundo que nos toca vivir es un mundo desastrado, horrible. Entonces señalar la impureza de ese mundo, es la obligación del periodista, pero eso no me hace pesimista.

Usted habla tres idiomas y es muy cuidadoso del lenguaje, contrario a otros columnistas…

El lenguaje es todo,  ahí nos encontramos. Es la esencia. Tener un buen lenguaje es la obligación de todas las personas. La mayoría de columnistas escriben muy mal y se repiten. He leído mucho y los periodistas no leen. Yo escribo para divertirme. No para atender lectores sino para disfrutarlo.

¿Qué opina de la educación en general?


Muy mala, la educación debe de ir hacía una superior conciencia de sí mismo, que parte de una actitud crítica permanente del medio en que se vive.

Cada día menos recursos para la educación superior…

Hay menos para la educación y más para la guerra, lo que indica la brutalidad en que está la sociedad colombiana. El medio brutal al que lo ha inducido el señor Uribe. Señal de la decadencia y la desviación de los intereses fundamentales de un país.


¿Cuál será el final de sus Memorias?


Pregunta difícil
 
(Por  fin una…gracias Maestro)

¿Alberto Aguirre está satisfecho?


No pienso en eso… cuánto me falta por hacer, ni vivo tranquilo, me emputa toda esta sociedad, todas sus miserias, todas sus porquerías. Me duele no, le duele a uno una gueva, me fastidia (aclara) me fastidia que este edificio que tuvo una cierta dignidad, que sea un HUECO.

¿Cuál sería un epitafio para Aguirre?

Me  da pena escribir un epitafio, me parece una guevonada. Tampoco lo veo para mí. Me da pena.

Medellín,  Octubre de 2009

 
 

Fotos por: Juan Diego Zuluaga

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