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Confesiones de un extorsionista
Mauricio Galeano Quiroz

El siguiente texto hace parte del trabajo de investigación: La extorsión en Medellín: un parásito criminal sin solución desde las políticas públicas. (Análisis del periodo 2008 – 2011, durante la alcaldía de Alonso Salazar), realizado por el comunicador Social-periodista y Magister en Ciencias Políticas, Mauricio Galeano Quiroz

 

Confesiones de un extorsionista


   

Para ilustrar con detalles cómo se realiza la extorsión o ‘vacuna’ a diferentes escalas en la ciudad de Medellín, es importante tener el punto de vista de todos los actores que hacen parte del problema, o del delito en este caso; y para ello se presenta la voz de un líder de combo que imparte órdenes, crea y genera estrategias y toma decisiones en un grupo delincuencial de la ciudad que entre sus rentas ilegales se nutre de la extorsión.

Álvaro* es un hombre de más de 50 años de edad que ha hecho una carrera delictiva en el mundo del hampa en Medellín y en otras ciudades del país como Bogotá, Barranquilla y Cali. En ese mundo del crimen en el que ha sorteado decenas de atentados y ha salvado su pellejo en muchas ocasiones, su prontuario cuenta con delitos como homicidio, narcotráfico, fraude y estafa, soborno, secuestro, hurto y extorsión, ente otros.

De este último delito Álvaro dice que se empezó a fortalecer en la ciudad de Medellín hace más de 20 años, pero que en la última década (después de la extradición de los líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia a Estados Unidos en 2008) los combos han echado mano de esa herramienta delictiva para generar ingresos ilegales y sostener sus estructuras delincuenciales.

Álvaro es un hombre frío y calculador que, mientras fuma cigarrillo y se toma una cerveza, relata y describe el delito de la extorsión o ‘vacuna’ de una forma clara y explica con detalles cómo se ejecuta cada una de las modalidades que utilizan los delincuentes en Medellín.

* Nombre ficticio por solicitud de la fuente. El personaje fue entrevistado en uno de los barrios cercanos a la Comuna 13, el 24 de junio de 2015 a las 10:00 p.m.

¿Cómo se selecciona a la víctima?

Según Álvaro, en los barrios deprimidos o de clase baja y media, los clientes potenciales son todos los habitantes del sector que se dejen intimidar. Quienes tengan un negocio, una casa o un carro son susceptibles de ser objetivo de los extorsionistas que integran los diferentes combos de Medellín. “La persona que tenga una fuente de entrada económica y que uno sabe que le puede sacar unos pesitos, es el cliente”, asegura Álvaro.

A las personas se les mandan a “los muchachos” para que les hablen y les pidan una colaboración para el combo, y acuerdan a la fuerza con el extorsionado una tarifa semanal. “Si una persona es difícil, entonces se le envía gente de otros sectores (aliados del combo) para que le roben en el ‘chuzo’ (negocio), le hagan un daño al carro, le atraquen a alguien de la familia o le quiten el celular. Lo que se busca es que la víctima tenga que ‘pedir cacao’ para brindarle protección”, dice.

En el caso de los transportadores “¡todos saben que tienen que pagar!”, sentencia Álvaro. La estrategia es similar para los conductores de buses, colectivos y taxis. “Si está muy duro, se le hace un daño al carro o se le manda a robar. Apenas desaparece el vehículo, vienen a buscar ayuda al combo y, por recuperarlo, se le cobra una plata que va de tres a 10 millones de pesos, según el tipo de vehículo”, explica Álvaro. Después de esta lección criminal la persona sabe que debe seguir pagando.

Álvaro ha sido integrante de combos mafiosos, de los paramilitares, ha trabajado con ‘traquetos’ y ha sido gatillero (sicario). En los últimos años ha integrado diferentes combos de Aranjuez, El Poblado, Laureles y la Comuna 13. Su larga experiencia delincuencial le permite identificar y describir estrategias de extorsión muy utilizadas en Medellín y el área metropolitana en la última década.

“Seguridad” para las viviendas

A las personas que viven en sus casas en diferentes barrios de Medellín los delincuentes les piden una colaboración por vigilancia, y si la gente se opone es amenazada e intimidada; “paga o paga”, asevera Álvaro, quien ha implementado esta estrategia en la Comuna 13 y en el sector de Aranjuez en diferentes épocas. Para él esta modalidad es más fácil de ejecutar porque a la gente le da miedo, y al que no colabore le hacen un daño: “se les mata un ‘cucho’ (persona mayor) o un ‘pelao’ (persona joven) para que aprendan. Eso deja un mensaje claro a la comunidad. La gente dice: “¡Vea, fulano no quiso pagar y le mataron un hijo!” O: “¡Le mataron al papá!”. Es un efecto de intimidación muy fuerte y la gente se baja de plata (entrega dinero) de una”, explica fríamente Álvaro.

Las cuotas que piden en los barrios de estrato bajo por cada casa van de mil ($1.000) a tres mil pesos ($3.000) semanales. Cuando es un barrio de mejores condiciones se cobra en cada vivienda hasta cinco mil pesos semanales, “o más, si se puede”, expresa. Adicional a estas cuotas semanales, los combos piden colaboraciones extras para hacer eventos como sancochos comunitarios, asados y festejos especiales. “Y la gente aporta”, expresa con ironía Álvaro.

Una modalidad diferente que se ha utilizado es entregarle a la gente animales como gallinas o cerdos para que los críen en los solares de las casas o en los patios, o también la ponen a criar perros de raza. Luego el combo vende los huevos, la carne y las mascotas. Es decir, “montamos granjas y la gente sabe que nos tiene que comprar los productos a nosotros y no a los proveedores que llegan normalmente a surtir los barrios”, explica.

“La gente se acostumbra y colabora con el negocio, y saben que nos entregan los productos a medida que se necesitan”, expresa Álvaro describiendo la forma de negocio forzado que tienen en los barrios, en el que la gente es intimidada para que preste espacios de sus lugares de vivienda para el lucro de los grupos armados ilegales. “La ventaja para nosotros es que la gente nunca puede decir que “¡no!” No tiene derecho a hablar porque la gente está desprotegida”, manifiesta Álvaro con seguridad y explica por qué.

“Los policías que suben a los barrios altos o periféricos vienen es por la plata de ellos, porque también nos ‘vacunan’. Dicen que tienen que llevarles plata a sus comandantes para que no los molesten por operativos. ¡Eso viene de arriba pa’ abajo! Y la tarifa depende de los negocios ilícitos que se tengan. Por ejemplo, si es una plaza de vicio se llevan un millón de pesos semanales, porque comen el patrullero y los comandantes. Y hay una condición en esta complicidad entre la delincuencia y la policía: si el ‘tombo’ (policía) coge mal ubicado al jíbaro (expendedor de drogas) y le quita mercancía, es otra plata extra para el ‘tombo’. Por eso ellos se mantienen pendientes de las entradas y salidas de los jíbaros en los barrios”, narra Álvaro. Y asegura que: “en el negocio de la ‘vacuna’ los que más ganan son los policías, porque comen de todas las rentas ilegales que manejamos los combos. Por ejemplo, de las ‘vacunas’ ellos suben por ‘ligas’ (comisiones) de 200 mil pesos o 300 mil pesos semanales o quincenales. Pero si empiezan a comer mucho también hay que calmarlos y se les ‘quiebra’ (asesina) un agente para que dejen de ser ‘garosos’ (ambiciosos)”.

Confesiones de un extorsionista

“Seguridad” en locales comerciales

Los comerciantes deben pagar una ‘vacuna’ semanal acorde al tamaño y el movimiento del negocio; son sumas que van desde 10 mil, 50 mil pesos a 100 mil pesos mensuales o más. Además, les exigen dinero o cuotas extras para las fiestas que organizan los combos. “Por ejemplo a las licoreras les manda uno a decir que envíen dos cajas de aguardiente (dos litros). Pero cuando la cosa va a ser grande, como en navidad, se les pide una caja de medias de aguardiente. Si no aportan, ellos saben que se les hace el daño en el negocio y es más lo que pierden en surtido o en instalaciones del local”, cuenta Álvaro, quien reitera que los comerciantes saben que “tienen que pagar ‘vacuna’. ¡Hoy en día no hay nadie que se rebele!”.

Álvaro rememora y recuerda que cuando empezó el auge de las extorsiones, o la mal llamada vigilancia, sí había que hacer mucho daño (secuestros, asesinatos, hurtos), pero reconoce que ahora la gente se acostumbró a este delito en Medellín, y en otros municipios, y no pone tanto problema.

Cuenta que la estrategia de la vigilancia en los barrios consiste en tener ‘pelaos’ toda la noche y todo el día ‘empistolados’ (armados), andando en motos, para que los enemigos de otros barrios no se les metan y les quiten el dominio del territorio ganado. “Realmente se trata de una vigilancia para el combo para que no nos quiten el poderío, y se disfraza de una supuesta vigilancia para el barrio. Entonces la gente los ve rondando y se comen ese cuento y pagan”, dice con tono sarcástico Álvaro.

“Seguridad” a los automotores

A las personas que dejan afuera de sus casas los vehículos, en la calle o en las aceras, los integrantes de los combos también les cobran una cuota semanal entre cinco mil y diez mil pesos por la seguridad del carro particular, el taxi, el camión, el bus o la moto.

Si no pagan, “le robamos un retrovisor que vale 100 mil pesos o más”, comenta Álvaro. Lo paradójico e injusto de esta modalidad es que si la persona paga la cuota y el vehículo sufre cualquier daño o percance mientras está parqueado, el combo no le reconoce nada. El cliente está “¡de malas! Si uno se da cuenta quién le robó un lujo o repuesto o le hizo un daño al vehículo, se busca al culpable y tiene que pagar. Si no paga, se mata. Y si no se sabe quién fue, el dueño del carro perdió…”, dice con sinceridad Álvaro, refiriéndose a un cobro en el que no hay certeza ni garantía de un buen cuidado o responsabilidad por los daños ocasionados a los automotores.

Lo más irónico del asunto es que los propietarios de los vehículos saben que no se pueden oponer contra el pago de esa ‘vacuna’ porque el poderío de los combos en los barrios es fuerte. “Antes la gente en los barrios preguntaba: “Y si me roban, ¿ustedes me pagan?”; entonces uno respondía: “es que estamos vigilando para que no roben. ¿A usted la Policía le paga si le roban? O sea que si les roban, ¡de malas! ¡Perdió! Y si no pagan, entonces les robamos, para que sepan que no estamos charlando. Se le hace el daño, o se va del barrio, o se muere”, sentencia con crueldad Álvaro, y relata que anteriormente los que se quejaban y se rebelaban ya están muertos: “Por ejemplo los carniceros, que eran muy ‘paraos’ y eran los que mantenían plata desde temprano en un barrio”.

Extorsión a los transportadores

Álvaro reitera e insiste que los transportadores de buses y colectivos saben que “tienen que pagar extorsión”, si no lo hacen, les roban o les queman el carro; o también les paran la ruta. “Hasta el Metro de Medellín tiene que pagar en muchos sectores, porque si no se les queman los buses integrados. Eso lo disfrazan porque el Metro nunca va a aceptar que la empresa paga, y que le giró un cheque o le entregó plata en efectivo a ‘fulano’, ‘perano’ o a tal combo. Pero los choferes sí saben que hay que dar una cuota y el jefe sabe. Uno presiona a los choferes y se va la cadena hasta llegar a la empresa. El que lleva del bulto es el chofer y la empresa sabe que tiene que cuidar su vida”, narra Álvaro.

Las empresas, incluido el Metro, también deben cuidar la ruta y, según Álvaro, por eso deben pagar la extorsión. Los conductores todavía reciben plata en efectivo de los pasajeros que montan ‘pirateados’. Esto se da más que todo en los barrios altos o periféricos. Adicionalmente, los buses les deben prestar servicios o viajes extraordinarios a los combos para suplir sus necesidades; “es decir, llevar los ‘pelaos’ a un partido, de un sector a otro, a un entierro… En fin, lo que se ocurra, sin pagar un peso por ese transporte”, afirma Álvaro.

Extorsión al comercio informal

En cuanto a las ventas informales Álvaro narra que los vendedores ambulantes: gente que se ubica en los semáforos, limpia parabrisas, venden minutos a celular, tintos y todo tipo de ‘chaza’ o negocio en la calle, debe contribuir con cuotas para la “seguridad” con cuotas de dos mil a cinco mil pesos semanales porque los combos se distribuyen el control del espacio público tanto en sectores residenciales como en el centro y zonas comerciales.

 


¿En qué se invierten las ´vacunas’?

En cuanto a las ganancias que deja la extorsión, Álvaro refiere que hay barrios y sectores muy buenos como hay otros que son deprimidos. Entre los buenos incluye las comunas de Belén o Aranjuez, que tienen mucho comercio y entra mucho dinero. En cuanto a los barrios flojos reseña a Robledo Kennedy, o la parte alta de Santo Domingo, que tienen poco movimiento comercial, pero sí tienen transporte. Y hay barrios periféricos donde los ingresos ilegales provienen de la extorsión a tiendas, locales comerciales y al transporte, porque la gente es muy pobre y no tiene ni siquiera mil pesos para sostener la ‘vacuna’.

Álvaro indica que un lugar en Medellín al que pocos se han atrevido a ingresar con extorsiones es El Poblado, debido al poder económico y político que se mueve en esa zona de la ciudad. “Y cuando se han hecho son extorsiones selectivas y de bastante dinero, con buena información”, aclara, y asegura que “si uno se mete allá a cobrar cuotas sabe que a los ocho o 15 días ya tienen contratados dos o tres pistoleros que lo matan a uno. En los estratos altos los delincuentes hacían el secuestro extorsivo, pero se ha acabado mucho porque ahora los delincuentes no lo saben hacer”.

De acuerdo con su rutina, explica que el dinero de las ‘vacunas’ o extorsiones es para el combo. “Se les paga a los muchachos, y a mí que soy el jefe. Ellos me traen la plata y las listas en papel, o en computador, para saber cuánto dio la gente. Si nos recogemos 20 o 30 millones de pesos en el mes, a los ‘pelaos’ que cumplen labores de gatilleros, campaneros y ‘carritos’ se les entregan 200 o 300 mil pesos semanales a cada uno”, explica Álvaro mientras se fuma otro cigarrillo.

Y agrega que: “Esa plata también se utiliza para negociar, comprar propiedades en los barrios, se invierte en algunos kilos de cocaína y los patrones le colaboran a uno llevándolo en algunos embarques, y esas ganancias del narcotráfico se invierten en armas, munición y vehículos. Y también queda un poquito para las farras del combo”.

Álvaro reconoce que por cuenta del miedo de la comunidad un pequeño grupo de delincuentes vive bien a expensas de las contribuciones que les entregan por la supuesta seguridad. “Por eso son tan apetecidos los cargos de liderazgo en los combos, y por eso hay tanta traición y caen muchos caciques de barrio. Eso es porque los de abajo vienen con ganas de plata fácil, se tuercen. Estos reinados no duran mucho”, reconoce.

Para este delincuente es claro que a la fuerza pública y a las oficinas o bandas criminales no les convienen los jefes muy eternos. Sabe que ese cacicazgo dura entre uno y tres años porque los mismos jefes los entregan cuando los ven muy posicionados, muy bravos o muy independientes de las órdenes de la oficina o banda criminal. “Ahora no hay carteles mafiosos con jefes que duren largo tiempo. Y lo que pasa es que los mafiosos de antes no extorsionaban a la comunidad, solo enviaban droga para el extranjero y patrocinaban negocios grandes de delincuencia como el robo a bancos o un secuestro de alguien adinerado”, explica el delincuente, insistiendo en que ahora el negocio del narcotráfico lo mueve la guerrilla y los jefes de las bandas criminales, y que a los combos les dejan rebuscarse con extorsiones, hurtos, fleteos y asesinatos.

Este líder de uno de los combos delincuenciales de Medellín indica que la extorsión se convirtió en una renta ilegal de los grupos armados en la ciudad y el país porque es una modalidad fácil de ejecutar y porque los ‘traquetos’ duros que patrocinaban los combos se han caído (murieron, están presos o han negociado con los Estados Unidos). “Los paramilitares, los guerrilleros y los políticos absorbieron esas mafias y hoy en día son los grupos que manejan el negocio a gran escala. Por eso se recurre a la extorsión como negocio ilegal”, explica Álvaro.

La comunidad sin protección

En cuanto a la facilidad para extorsionar a cualquier ciudadano, Álvaro define que hay varias modalidades como la “llamada millonaria”, que se hace desde las cárceles con la ayuda de la delincuencia común que hace inteligencia afuera y consigue los datos y la información de las víctimas. Los presos se hacen pasar por comandantes guerrilleros y exigen el pago de ciertas sumas por no atentar contra la persona a la que llaman o contra su familia. “Esta modalidad es fácil de realizar porque la gente se caga del miedo y paga, pero si se rebelan ganan y el que pierde es el delincuente. Con ese cuento empezaron los milicianos”, aclara Álvaro.

Y a pesar de que se han endurecido las penas frente a la comisión del delito, Álvaro afirma que no les da miedo cometerlo, que no ha afectado su actividad ilegal y que por el contrario cada día toma más auge entre los bandidos de la ciudad con diversas modalidades a través de internet, celulares, teléfonos fijos o públicos y oficinas de giros, para no recibir la plata personalmente.

Otra debilidad que los delincuentes encuentran en la lucha contra la extorsión es que la gente no denuncia. “Esa es la mejor arma, pero la gente no la utiliza. Aquí los combos duramos y somos caciques hasta que a la gente le dé la gana, lo que pasa es que la gente no se ha dado cuenta de eso. El día que la gente se pare en la raya, se nos acaba la vuelta. Si la gente denuncia y no vuelve a entregar plata, ahí no hay nada qué hacer. ¡Perdimos!”, revela con una sonrisa burlona Álvaro.

Insiste en que la gente es poco solidaria porque si una persona denuncia, al vecino le da miedo; pero si una cuadra completa lo hace, “¡se cae la vuelta!”, asevera con convicción. Y refuerza diciendo: “Eso es peligroso para el combo porque la misma gente sabe quiénes son, dónde están, cómo se mueven y qué hacen. Pero eso requiere de una reacción de inteligencia inmediata de las autoridades, es decir, de la policía. Debe ser una operación muy bien organizada entre la gente y las autoridades. Eso pasó cuando los milicianos estaban apoderados de los morros en las zonas periféricas de la ciudad. Si no es así, al combo le dan tiempo de organizarse, averiguar y matar o expulsar a los sapos del barrio o de la zona”.

Expone que ha sucedido que cuando la gente se aburre y se cansa de los abusos, se envalentona y dice “no más”. “Si un grupo se descontrola en un sector y se aprovecha del poderío, la gente le pone precio a la cabeza del jefe del combo y los acaban”, dice Álvaro.

Y confiesa que el miedo de un extorsionista es a que otro combo lo desplace de su zona de influencia o lo asesine para quedarse con su plaza de negocios. Afirma que no les tiene miedo a las denuncias de la gente porque surten poco efecto. En los barrios donde actúan, las señoras no denuncian porque los hijos o familiares están metidos en los combos, o porque hay parceros de la infancia o del colegio y les da pesar hacerlos ‘encanar’ (encerrar en la cárcel). “Por lo regular esas filiaciones ayudan a que se fortalezca el combo”, dice.

Comenta a manera de consejo que la extorsión existe en los barrios y en el centro de la ciudad porque la gente no sabe que es un delito fácil de acabar, y porque al gobierno le conviene por la plata que se mueve y por los problemas que hay. “Por eso les favorece que vengan los europeos, los canadienses y otros a poner plata para proyectos sociales. Creo que nunca la delincuencia ni la guerrilla ni los paramilitares se van a acabar”, argumenta.

“Además todo el mundo sabe que eso pasa en los barrios y en el centro de la ciudad. Sabe el mayor de la policía, el comandante de la estación, el alcalde. Todo el mundo sabe que eso pasa y saben en qué barrios y en cuáles cuadras se cobra ‘vacuna’, pero eso se volvió costumbre. Saben que todos los buses de Conducciones América y de Circular Coonatra pagan. ¡Pero eso es bueno para el delincuente porque no pasa nada!”, explica.

Dice que hay sectores en la ciudad donde no se paga extorsión, lugares en los que la gente se impone desde la primera vez y no ceden a las intimidaciones. Para el delincuente eso es una mala señal y prefiere dejar quieta a la gente porque no sabe en qué se mete. “¡A los pelaos les da miedo! porque están fuera de su área de influencia o porque no conocen a la gente que allí vive. Uno sabe que es caída fija”, dice en tono discreto.

Las situaciones mencionadas ayudan al accionar de los combos con la extorsión y con otras rentas ilegales. Y él comenta que “eso dura hasta que el Gobierno se ‘ponga las pilas’ y acabe con todos los combos y que la Policía actúe de verdad. No se ha acabado o no se ha combatido como es, porque está la sirvengüenzura (sic) y la corrupción de la policía; porque si los patrulleros y los comandantes no fueran corruptos, la extorsión y las ‘vacunas’ se acabarían en la ciudad”, manifiesta con vehemencia Álvaro.

Explica también que la cadena de corrupción de las organizaciones delincuenciales contempla a jueces y fiscales que reciben plata para que los procesos judiciales contra los delincuentes no sean efectivos. Adicionalmente, reprocha el sistema y dice que lo que cambian son los políticos, los comandantes de policía, los jefes de las organizaciones criminales, los caciques de barrio, los nombres de los actores armados, pero el sistema sigue igual.

A partir de su experiencia delictiva indica que los combos en los barrios le convienen a la Policía y al Gobierno. A la policía porque les dan sus ligas (sobornos en dinero en efectivo) y a las instituciones porque les permiten intervenir con obras civiles y sociales en los barrios. “Aunque a veces también tienen que dar su tajada, o sea que también los ‘vacunamos’”, reconoce Álvaro en un tono malicioso.

Diferencia entre los combos y las Convivir

El accionar de ambos grupos ilegales es similar en la estrategia de extorsión. La diferencia, según Álvaro, es que el centro es más fácil de manejar porque “toda la población es flotante y nadie vive ahí. Todo el mundo llega al centro y luego se va. Es más fácil de ‘vacunar’ a la gente porque no saben quién es el que les llega a cobrar. Mientras que en el barrio los comerciantes identifican o relacionan a los integrantes de los combos”, dice al referirse en tono despectivo a los Convivir. Complementa diciendo que “también es difícil controlar la zona por la misma situación. El centro está dividido entre muchos grupos de Convivir, que no han dejado de existir”.

Explica que las Convivir se diferencian de los combos en los barrios porque los primeros le piden cuota hasta a los ‘emboladores’ de zapatos (lustrabotas). “Son más gamines y sus integrantes provienen de diferentes barrios. De alguna forma las Convivir están legalizadas, a pesar de que se acabaron en el escritorio, en los papeles; pero son respaldadas por la gente y el Gobierno, y siguen actuando igual”, describe en tono de enojo.

“Los Convivir han tenido una flaqueza y es que sus miembros no viven en el centro, son de diferentes barrios, y llega el momento en la noche en que se tienen que dividir; ahí es donde pierden el año y se les hace el atentado. Lo que no pasa en un barrio. Nosotros nos sentamos en la esquina de la casa y nos entramos, pero estamos en nuestro territorio”, resume como si se tratara de una estrategia de guerra.

También expone que los Convivir aprendieron y algunos se radicaron en el centro para no dividirse. Ahora actúan día y noche para no dejarse quitar los territorios donde ‘vacunan’ y manejan sus negocios ilícitos. “En el bajo mundo consideramos a los Convivir unos gamines porque les dan pata y garrote a los venteros ambulantes (vendedores de CD, chazas, tintos, minuteros) por cualquier pendejada o porque no pagan. Son mal vestidos, mal hablados, dan una puñalada por 10 mil pesos. Su trabajo supuestamente es cuidar el orden público”, advierte con tono de reproche.

En conclusión, Álvaro asegura que la ‘vacuna’ lo único que hace es enriquecer al cabecilla del combo o de la Convivir. Y el respaldo que reciben de las organizaciones delincuenciales lo pagan a cambio de favores o de trabajos ilegales como cobros, seguridad, sicariato y compra de droga. “El respaldo se paga con rendirle pleitesía al duro de la oficina o de la Bacrim”, dice.

Alternativas

Manifiesta que la solución a las extorsiones está en manos de la gente, que se debe plantar. E indica que también se necesita una autoridad y unas leyes de verdad, sin corrupción. “Le garantizo que, si la gente se planta, uno no puede matar a todo un barrio; pero todo un barrio sí lo mata a uno. Lo bueno para nosotros es que la gente no sabe lo fácil que es acabar con eso. Por ejemplo, si se hiciera el Día del No pago Extorsión, así como el Día sin carro, o las marchas por la paz y todas esas ‘güevonadas’, esto se acaba; pero con todo el mundo apoyando y participando y convocados a tal día y a tal hora. Y ese mismo día las autoridades tienen que apoderarse de las zonas”, dice como quien brinda una respuesta para no continuar en una vida de delincuencia.

Álvaro concluye sus respuestas recomendando: “si la gente se para así, los delincuentes tendríamos que acudir al terrorismo, y eso no paga porque se ‘cartelea’ el combo, ¡y eso no conviene! Y si la gente así sigue plantada, perdimos. La autoridad tiene que implantar su mando, pero le apuesto a que esos ‘hijueputas’ llegan pidiendo la de ellos, porque son muy torcidos y ‘sapean’ a los delatores. Ellos son los informantes de los combos. Y cuando un comandante es muy operativo y pide resultados, los agentes o subordinados le corren la silla porque no los deja trabajar. Por eso nunca se va a acabar el delito de la extorsión o ‘vacuna’ en las ciudades”.

 

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