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Entre novelas y noveleros 

Ricardo Zuluaga Gil

 



Me sorprendió mucho también la oferta bibliográfica de la Universidad Autónoma Latinoamericana, muy dedicado a cuestiones de filosofía política y a reflexiones sobre el Estado. 

Ah, también estaba presente la UPB, con una oferta que es cada día más lánguida y gris, pero es que poco más se puede esperar de un proyecto en manos del siempre odioso y no menos pedante, Juan José García Posada.

Y lo más destacable, la presencia, ojalá exitosa, de pequeñas editoriales independientes. Particularmente dos que andan dedicadas a la la edición de libros arte, de gran preciosismo editorial. De ellas resalto dos: Tragaluz de Medellín y Rey Naranjo de Bogotá y lo hago con la convicción de que es en manos de este tipo de proyectos en donde estará el futuro del mundo editorial.

Y ojalá así sea, porque me resisto a pensar que lo vaya a estar en manos de los comerciantes de ocasión que salen a rematar saldos. Y eso, por supuesto no es una fiesta que exalta el libro, por el contrario, se trata de una práctica ominosa que degrada y deshonra el libro.


Mi deseo, pues, que el año entrante soplen mejores vientos.



 
En el fin de semana del 15 al 16 de septiembre viajé desde Cali a Medellín con la intención expresa de asistir a la llamada “fiesta del libro” que cada año se celebra en la ciudad. Mi expectativa era grande, pero la realidad me defraudó.

En semejante entorno, el remozado Jardín Botánico, esperaba encontrar la mejor oferta bibliográfica disponible. Pero no fue así. Abundaban hasta la exasperación los comerciantes de libros, los libreros eran pocos.

A cada paso me encontraba con puestos que ofrecían en saldos de remate viejas enciclopedias, obritas de autoayuda, manuales de superación y, cómo no, ediciones populares de los “clásicos” que son tan conocidas como poco leídas. En fin, mercachifles mil y noveleros por montón.

Por el contrario, pocas fueron las grandes editoriales presentes; mientras que ausentes, estuvieron varias de las más significativas. No estaba el Fondo de Cultura Económica, ni tampoco Siglo del Hombre Editores. Sorprendentemente tampoco hizo presencia el Fondo Editorial de la Universidad de Antioquia, y esa es una ausencia que supone un lunar muy negro en un encuentro de esta naturaleza. Incluso un sello emblemático de la ciudad como La Carreta también brilló por su ausencia.

Y de fuera de Medellín, ninguna editorial universitaria, que son una fuente inagotable y accesible a rarezas que suelen ser casi siempre inconseguibles.

Pero no todo fue perdido. El siempre maravilloso fondo editorial de la Universidad Eafit estaba presente con muy significativas novedades, particularmente en lo que tiene que ver con la historia de Antioquia. 







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